¿Seremos el futuro?

– Zusammenfassung –

Vier Jugendliche– vier unterschiedliche Tagesabläufe und Lebensperspektiven. Doch was allen gemein ist: sie leben ihr individuelles Leben ohne vom anderen Kenntnis zu nehmen, ohne sich solidarisch zu zeigen und gemeinsam ihre Zukunft anzupacken.  In einem System, das ihnen keine Bildungs– und Auftsiegschancen bietet, ist es wichtiger denn je, dass sich Jugendliche organisieren, dass sie gemeinsam wenigstens ein biss­chen ihr Umfeld ändern, anstatt nur an den nächsten Tag zu denken und zu kon­su­mieren anstatt eine andere Zukunft zu konfrontieren. Damit die Jugend wirklich die Zu­kunft von morgen ist, damit es wirklich eine Zukunft gibt, muss Gleichgültigkeit  durch so­lidarisches Bewusstsein ersetzt werden. Jugendbewegungen dürfen nicht mehr die Angelegenheit einzelner sein.

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De lunes a viernes, Martha y Raul se levantan muy temprano. Raul toma un vaso de leche y con mucha prisa agarra las llaves del auto, regalo del abuelo por su último cumpleaños y casi olvida darle las gracias a su madre por los veinte pesos de gastada. Martha, más consciente de que debe cuidar su figura, toma una botella de agua y la pone dentro de su bolsa, y muy rápido, pero sin perder el estilo, se va a tomar el camión a la esquina. Ambos están yendo a la escuela, Martha a la Preparatoria y Raul a la Universidad. El fin de semana Martha ayuda a su madre con los quehaceres de la casa, y en la tarde va a visitar a su mejor amiga, pues tienen que planear lo que harán en la noche. Por el contrario, Raul le gusta dormir hasta el medio día, así que no tiene mucho tiempo para ayudar en la casa, aunque mas tarde le tocará llevar a su madre a hacer el super y después recoger a su hermanito de sus clases de natación.

María y Esteban, otros dos jóvenes, tienen otra rutina semanal. De lunes a viernes María vive con la familia de Raul, pues ella trabaja limpiando la casa. Esteban terminó la Universidad hace un año y como muchos otros no encontró empleo en su área de estudios y ahora es vigilante del fraccionamiento privado donde vive Martha. Los fines de semana María viaja al pueblo de donde es originaria, sus cuatro hermanitos junto con su madre le dan la bienvenida, ella ya sabe cual será su labor, hacerse cargo de los pequeños, porque su madre se irá a cuidar la milpa y no se puede contar con papá, quien desde hace ya mucho se fue a los Estados Unidos, y al parecer ha olvidado volver. Esteban usa su fin de semana para comprar el periódico y subrayar las ofertas de empleo, llama una y otra vez a cada número con la esperanza de encontrar algo, aunque la mayor parte del tiempo solo hay trabajo para gente con experiencia. Cuando llega la noche se va a casa de sus amigos a tomar unas cervezas, y en casa no se sabe nada de él hasta el domingo…

Mucho se ha escuchado decir por aquí y por allá que “los jóvenes somos el futuro”, lo cual puede ser cierto, aunque también es cierto que no existe futuro sin que haya habido un presente. Y es ahí donde debemos seriamente preocuparnos. Actualmente, el presente de los jóvenes está oscurecido por una nube de estupidización colectiva y desinterés general por lo que sucede a su alrededor. Pareciera que lo único que nos preocupa a los jóvenes es que después del domingo sigue el lunes.

“Quien quiere que el mundo permanezca como está, es quien no quiere que este permanezca”

Me pregunto en que momento decidimos separar nuestro pensar racional para dejarnos vender a la máquina del consumo. Me pregunto que fue lo que pasó que dejamos de creer en nosotros mismos para creer en el eslogan de una cerveza o de un teléfono celular. Podemos mirar como el sistema político y social nos aplasta, los medios insultan nuestra inteligencia y los gobiernos nos utilizan como marionetas electorales, y aun así seguimos como sonámbulos, deambulamos con los ojos cerrados. Podemos mirar como este sistema injusto castiga a nuestra juventud dejándonos sin oportunidades de educación o de un trabajo digno, pero seguimos sumisos como buenos esclavos; y podemos ver como otros jóvenes como nosotros necesitan de nuestra solidaridad y apoyo y lo único que hacemos es virar la cara hacia otro lado.

Pareciera que nosotros, los jóvenes estamos perdidos en un mundo al que no sabemos como, o más bien, tenemos miedo de encarar, pues cada vez que se nos requiere, nunca se nos encuentra. En­tonces, ¿Dónde estamos los jóvenes? Seguro pueden encontrarnos cada fin de semana en la mejor fiesta, o inclusive en las filas del nuevo candidato político en busca de un hueso, o en un trabajo semihumano ganando lo mínimo para pretender darnos la buena vida; pero raramente nos encontrarán unidos, organizados y con un objetivo en común, y cuando aparece un pequeño grupo de jóvenes que ya no están dispuestos a disimular la miseria que los de su clase viven y se autoor­ganizan para protestar contra quien los tiene oprimidos, el resto de los jóvenes se sentirán indiferentes ante lo que acontece enfrente de ellos.

Quizás entonces, estamos tratando de vivir nuestra individualidad humana como cualquier Raul, Martha, María o Esteban, sin siquiera haber notado que todos compartimos algo en común: “somos el presente de un futuro que quizás no llegará”. Pasarán los años y con ellos nuestra juventud, y dejaremos de ser llamados el futuro para convertirnos en el mediocre e intrascendente pasado que no hizo nada para cambiar al menos un poquito el panorama de este mundo en decadencia. Está en nosotros hacer algo para que finalmente la frase “los jóvenes son el futuro” tenga congruencia y no sea una simple y gastada oración usada para no hacernos sentir inútiles.

Manuel Toledo Hernández

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