SOMOS LO QUE SOÑAMOS

Si digo la palabra “Cine” ¿qué es lo primero que se te viene a la mente?.

Yo me imagino una sala oscura, en silencio, entonces de pronto de la oscuridad surge un haz de luz y de esa luz aparecen imágenes. Exactamente como cuando me quedo dormido. En este sentido la definición de cine como fábrica de sueños, a pesar de lo cursi, no me parece tan descabellada. El poder del cine es precisamente el de crear imágenes asociadas a sensaciones que si bien son percibidas conscientemente quedan registradas en el subconsciente. Para bien y para mal.

Este fenómeno unido a la profunda crisis de fe que estoy viviendo como espectador me conduce directamente a la siguiente pregunta: si cuando hablamos de cine, nos referimos preponderantemente al cine según el modelo (norte) americano, o sea, la industria del cine, o sea, la fábrica de sueños, entonces ¿qué tipo de sueños son los que fabrican?

Sin necesidad de grandes reflexiones la respuesta aflora inmediata y definitiva: se trata nada más ni nada menos que del famoso “sueño americano”. Igualdad de oportunidades y libertad que permite que todos (los habitantes de USA) logren sus objetivos en la vida únicamente con el esfuerzo y la determinación.

Casi cualquier película convencional (échenle un vistazo a la cartelera) se puede reducir a este esquema: El héroe vive en una situación de mediocridad o carencia, las circunstancias lo obligan a enfrentarse a enormes dificultades, y través del descubrimiento del poder del sueño americano, logrará vencer los obstáculos y conseguir el éxito.

¿Y qué es el éxito en este marco conceptual?

Según los planteamientos de Jennifer Hochschild en su libro “Enfrentarse al sueño estadounidense: raza, clase y el alma de la nación” existirían tres categorías de éxito: El éxito absoluto, en la consecución de un objetivo importante que supera ampliamente la posición inicial; el éxito competitivo, que requiere una victoria sobre alguien más; y el éxito relativo, medible en términos comparativos: mejor que tu vecino, que otra clase social, etc.

Un modelo cuya repetición hasta la náusea explicaría varias cosas, entre ellas mi intolerancia a la gran mayoría de las películas de hoy en día, y es que si el paradigma cultural que sostiene está en franca decadencia, ¿porqué no iba a estarlo el dispositivo a través del cual se transmite?

Lo triste, o al menos preocupante, es que el modelo ya ni siquiera se circunscribe exclusivamente al territorio de los EEUU sino que se ha extendido por el mundo, silencioso como un cáncer, transformándose en un standard incuestionable instalado en el subconsciente tanto de los realizadores como de los espectadores y que dictamina qué reglas debe cumplir una obra cinematográfica para considerarse aceptable.

Mi intención en todo caso, no es proponer una visión cínica, apocalíptica y desencantada del panorama, pero si me interesa llamar la atención sobre el proceso de “Mac-Donalización” audiovisual que al estandarizar excluye la diversidad, y aunque a veces me veo inclinado a afirmar que odio el cine, soy consciente que se trata de una afirmación injusta, como si el realizador de Super Size Me” se pusiera en contra de la comida en general. Lo que puede llevarnos a la muerte, es el consumo excesivo de Fast Food, en este caso entendido como comida del alma y de la mente.

Es difícil tomar medidas contra el imperialismo cultural. No se trata de polarizarse y llegar al fanatismo, pero en cuanto individuos cada cual tiene la facultad de tomar conciencia y “ampliar la dieta” para recuperar el equilibrio y conseguir ver más allá de lo que se supone que debes querer ver.

Enver Melis

zusammenfassungWelche Rolle spielt das Kino in der Gestaltung des kollektiv Unbewussten?

Im Laufe der Zeit hat die Filmindustrie die formalen Prinzipien geprägt, die der Übermittlung  einer bestimmte Ideologie gedient haben: Der Mythos des “Amerikanischen Traums” von Chancengleichheit und der Freiheit durch Mühe und Entschlossenheit den Erfolg zu erzielen.

So steif und gekünstelt wie der Inhalt ist allerdings auch sein Behälter. Deshalb sind wahrscheinlich heutzutage die meisten der in den USA produzierten Filme nicht mehr überzeugend.

Aber neben der geringen Qualität gibt es ein weiteres beunruhigendes Phänomen: den Kulturimperialismus. Die Paradigmen der amerikanisch geprägten Filmindustrie sind so tief in unserer Psyche verankert, dass wir alles ablehnen, was den Standard von Hollywood nicht erfüllt.

Sich dem Phänomen bewusst zu werden ist wesentlich, um den Prozess der Homogenisierung umzukehren und einen Blick dafür zu bekommen, was jenseits des Mainstreams liegt.

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