Otra Mirada es Posible

Contar historias y hacer películas son dos cosas que no necesariamente deben ir de la mano y tal como se puede contar una historia sin necesidad de hacer una película también es posible hacer películas que no cuenten historias o que por lo menos no hagan de la narración su elemento primordial. Ya en mis años de estudiante de cine tenía esa inquietud y escuchaba con recelo declaraciones del tipo “quiero hacer cine porque me gusta contar historias”, respuesta que se repite en un sin fin de entrevistas a directores de cine narrativo y a la que yo solía rebatir con una frase del tipo “si quieres contar una historia entonces escribe un libro”, afirmación que ya no me suena tan acertada, pues tampoco la literatura puede reducirse al mero acto de contar una historia.

Transmitir emociones es otro de los presupuestos que se sostienen como elementos fundamentales de cualquier obra cinematográfica.
Las emociones son la “droga” dentro del producto, por así decirlo, despertando en el “consumidor” desde reacciones fisiológicas como muecas faciales, alteración del pulso cardíaco, sudoración o incluso síntomas de estimulación erótica hasta alteraciones de la conducta como agresividad, risa o llanto. El problema, al igual que con cualquier sustancia estupefaciente es que el organismo del consumidor se acostumbra a ella y llega un momento en el que para obtener los efectos deseados es necesario aumentar la dosis. De ahí que en el cine predominen las emociones fuertes ya que se busca estimular a un espectador cada vez más insensibilizado.

Otro factor determinante en cualquier película es la atmósfera. La capacidad de transportar la mente del espectador dentro de otro mundo. Pienso en cualquiera de mis películas favoritas y si bien la mayoría de las veces me olvido de su historia o no recuerdo con total exactitud qué fibras emocionales tocaba, en lo que respecta a la atmósfera la conservo en mi mente con impresionante claridad. Como si de alguna manera hubiera estado ahí.

Imaginemos que tuvieramos que concebir una película prescindiendo o debilitando dos de estos tres factores: Historia, emoción y atmósfera.

Yo me inclinaría a trabajar preponderantemente con la atmósfera pues de las tres cosas es la qué mejor puede ser expresada a través de la imagen y el sonido, o sea, la naturaleza intrínseca del medio audiovisual.

El asunto es que no sería el primero, ya que existe una corriente cinematográfica denominada cine contemplativo que esencialmente produce películas lentas y minimalistas que no solo se oponen a la corriente tradicional subvirtiendo su escala de valores (lentitud contra velocidad, atmósfera contra trama, sonido natural contra banda sonora, silencio contra diálogos ) si no que además representa una vía alternativa, una suerte de resistencia pacífica a los modelos preponderantes abriendo una ventana hacia otra manera de concebir el cine y en cuanto el cine es expresión de la vida contribuyendo a un cambio de mentalidad y de actitud frente a ella valorizando la contemplación, como estado de silencio mental y comunión con lo observado.

Hay muchas discusiones abiertas en torno al cine contemplativo, por un lado la crítica y los expertos se dan de cabezazos tratando de establecer qué es exactamente, cual es su aporte, cuándo es una excusa a la falta de creatividad, cuándo es una moda y por otro lado el espectador promedio encuentra este tipo de películas esencialmente aburridas, y aunque nadie posee la verdad absoluta, personalmente considero que la contemplación de este tipo de obras no deja de ser una experiencia nueva y en el peor de los casos interesante. Mi recomendación es la de experimentarlo libre tanto de prejuicios como de expectativas.

Filmografía recomendada:

Japón, de Carlos Regadas

Huacho, de Alejandro Fernández Almendras

Shara, de Naomi Kawase

El Arbol De Los Zuecos, de Ermanno Olmi

Paisaje En La Niebla, de Theo Angelopoulos

Nostalgia, de Andrei Tarkowski

El Desierto Rojo, de Michelangelo Antonioni

The Room, de Sion Sono

A Scene At The Sea, de Takeshi Kitano

El Regreso, de Andrey Zvyaginstev

Enver Melis

zusammenfassungWenn wir von der Annahme Abschied nehmen, dass die Hauptfunktion des Kinos darin bestehe Geschichten zu erzählen,  dann könnte dies ein erster Schritt in Richtung der Erkenntnis sein, dass es keine absolute und unbestreitbare Wahrheit gibt. Der kontemplative Blick des Kinos entsteht aus der Suche nach dem Wesen des audiovisuellen Mediums und kann nicht mehr als ein Nachfolger und Kind des Theaters oder der Erzählung gesehen werden, sondern als eine Ausdrucksform mit ihrer ganz eigenen Sprache. Auch die Ablehnung der Regeln der Industrie ist in diesem Fall keine Protestaktion sondern vielmehr eine Art des friedlichen Widerstands, die schlicht und einfach einen neuen Weg aufzeigt: Während die Erfahrung des Zuschauers mit einem konventionellen Film eher einer Achterbahnfahrt gleicht, könnte man das Erlebnis des Zuschauers mit einem kontemplativen Kinofilm eher mit einer Wanderung mit allen Sinnen vergleichen. Wer eine solche Erfahrung macht, geht eine ganz andere Art der Verbindung mit dem Gesehenen ein.

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